Los 4 Acuerdos
¡Qué injustos somos con nosotros mismos! Vivimos en una nebulosa de opiniones y condiciones que han sido implantadas sin la mayor intención de odio pero con la precisión digna de un obsesivo. Hemos sido domesticados, y no solo desde cómo…

¡Qué injustos somos con nosotros mismos! Vivimos en una nebulosa de opiniones y condiciones que han sido implantadas sin la mayor intención de odio pero con la precisión digna de un obsesivo. Hemos sido domesticados, y no solo desde cómo actuamos en sociedad, sino también desde cómo debemos pensarnos a nosotros mismos desde la interacción, la culpa, los prejuicios y el amor. ¡Somos nuestro peor enemigo! Es feo leerlo, pero más cruel es saber que es la verdad, y de eso quiero reflexionar.
Los 4 acuerdos, un libro sencillo en su lectura, no es complejo ni lleno de palabras nuevas, no pretende tener una prosa majestuosa ni mucho menos cumplir expectativas de quien cree que un libro debe ser un laberinto para tener sentido. No, de hecho, la mayor fortaleza de este texto es la tranquilidad y la simplicidad de conceptos que hace que pueda ser navegado como quien navega sin pensar, flotando en los conceptos que por sí solos parecen un cliché, ¡pero que pensándolo bien son las razones más grandes por las cuales vivimos esclavos de las emociones que nos generan ansiedad, que no nos permiten relacionarnos desde el amor!
Así, el libro escrito por Miguel Ruiz nos ilustra sabiamente 4 acuerdos que pueden transformar una vida completamente, primicia con la cual estoy totalmente de acuerdo. Aquí empezamos con uno que realmente me hizo reinterpretar mis relaciones y la manera como me comunico con ellas:
- Sé impecable con las palabras: ¡wow! Es tan simple que parece paisaje, pero realmente pienso que este acuerdo es el comienzo de una verdadera transformación. Las palabras son el lenguaje que nos permite relacionarnos, y esa relación crea relatos, historias, emociones, expectativas ¡y un sinnúmero más de emociones con las cuales creamos una vida! Desde esas frases sin intención de daño que se quedaron en nuestra memoria y ahora marcan nuestra personalidad, como esas palabras horribles que recetamos a quien no nos cae bien o no cree nuestra historia de vida, ¡todas ellas son poder puro expreso en el verbo! ¡QUÉ PODER tiene lo que sale por nuestra boca! ¡No importa lo pequeña que sea una frase! Tiene el poder de plantar una semilla en nuestra vida, crecer y crecer con el paso del tiempo y, de repente, un árbol gigante nos controla, nos dice quiénes somos, qué queremos y qué es correcto; olvidamos lo que queríamos y solo recordamos lo que alguien nos plantó en nuestra memoria.
Sin embargo, el concepto no se queda ahí; el autor le da la vuelta y ofrece un nuevo uso al poder de la palabra. ¿Y si en vez de incentivar odio, rabia e inconformidades, plantamos semillas de amor? Qué poderoso concepto. Ser impecable, saber que cada cosa hermosa que salga de nuestra boca será una semilla que crecerá en amor, que dará sombra al dolor y que permitirá que alguien, al escuchar el poder de una buena palabra, ¡pueda resignificar su vida completamente! Tenemos magia al hablar, y ser impecable y respetuoso con la semilla que plantamos en los demás es una de las responsabilidades más grandes que tenemos como individuos de un sueño colectivo y desde el amor. ¡La semilla siempre debe dar luz, paz, tranquilidad y empatía! - No te tomes nada personal: no lo negaré, de todos los acuerdos es el que más me llegó o con el cual me sentí más identificado. ¿Por qué? Porque no tomarse nada personal no es solamente creer que esa persona está en contra de ti y que sus acciones o comportamientos son gracias a ti… qué arrogante. Nadie actúa con relación a los demás; nada es en lo absoluto personal. El libro ahonda en el hecho de que, detrás de un señalamiento hacia ti, hay una historia que precede ese comportamiento, y esa historia no tiene que ver nada contigo: es solo una seguidilla de situaciones y experiencias que se decantan en ti, las expulsas contra los demás y el otro lo toma personal; pero no, el otro es solo el contenedor de las conversaciones, los prejuicios y el miedo que la otra persona carga en su historia. No eres tan importante. Tomarse las cosas personales es la representación más fuerte y sutil del ego; es una forma de decir: “todo gira alrededor de mí”, “controlo tu vida”, etc., ¡y lastimosamente en la realidad no le importas a nadie! Todos tienen su propio camino y solo eres un espejo más en donde esa persona se culpa a sí misma de su necesidad de ser una víctima.
De nuevo, el libro no se queda en conceptos sin desarrollarlos. Nuevamente en este acuerdo, evidencia qué pasa cuando aprendes a no tomarte nada personal, aun cuando ese ataque venga con tu nombre y apellido. Sí, es difícil, lo sé; yo particularmente soy así, fácilmente puedo sentir que es algo contra mí. Sin embargo, el libro habla del poder al otro, de qué pasa cuando dejas de tomarte las cosas a pecho, entendiendo que no es contra ti, que solo representas esa historia para la otra persona. Entender esto en la práctica te libera de las cargas, de los venenos, y entiendes que el poder reside en tu propia interpretación de ti; de que si amas la versión que ves en el espejo físico y mental, no habrá fuerza externa que te saque de tu estado de paz, porque tomarte algo personal es decirle a la otra persona que está en lo correcto, que tú eres eso que esa persona está haciendo. Esa es la manera más rápida de darte cuenta de que tienes deudas con tu autoestima, con tu autopercepción y el poder que tienes tú mismo y el poder que tienen los demás contigo.
Amarse es la respuesta. Actuar desde la empatía, sin destruir a nadie pero siendo consciente del poder que tiene el amor propio, permitirá que las cosas no sean personales nunca y con eso podremos en gran medida vivir en la utopía majestuosa de lo que llamamos libertad. - No asumas: creo que este es el más importante de todos los acuerdos —el autor tiene otro orden— pero si analizamos bien, casi todo, por no decir todo lo malo que nos ocurre, casi siempre ocurre porque asumimos o creamos una imagen de lo que pensamos sobre las situaciones y difícilmente logramos acceder a esa persona y preguntarle: ¿Qué sucede? ¿Cuáles son sus sentimientos? ¿Cuáles son sus emociones? Simplemente creamos un universo alrededor de nuestra idea y, con base en esa idea, creamos una realidad; muchas veces, por no decir casi siempre, esa realidad no tiene sentido con lo que verdaderamente sucede.
Creo que todos vivimos de esta manera; si una persona hace o deja de hacer algo, pensamos que ya no nos quiere, pensamos que algo pasó, pensamos que algo hicimos mal y esto ya nos crea un comportamiento que empieza a calar en la manera como nos relacionamos, a alejarnos o acercarnos.
Nuestra mente consume mucha energía vital solo por suponer; creamos chismes internos, nos creemos esas ideas y, lo que es peor, creamos una bomba explosiva de comentarios malintencionados —aunque no tengan esa intención— donde nuestra suposición se transmite como un virus hacia los demás, que hace daño, que crea ideas sobre ti mismo o sobre los demás que no son y, al final, el único que termina haciéndose daño es uno mismo, porque ese virus ya se expandió y nosotros fuimos el paciente cero.
Pregunta, sé respetuoso y directo, y desaparecerán millones de virus que solo destruyen lo maravilloso de la vida. - Haz siempre lo máximo que puedas: tenemos una historia de conversaciones destructivas que trasciende generaciones, somos resultado de las malas relaciones sociales, de los malos hábitos con la gente que amamos y, sobre todo, de la cantidad de veces que nos mentimos para justificar nuestro propio infierno. Ya que eso es lo normal, ¿es lo que hacen todos, no? ¿Así es como debemos vivir? Pues no.
Hacer lo máximo que podamos tiene tantas vertientes que es increíble que toda la vida haya vivido sin esta primicia, porque NO HACER LO MÁXIMO QUE PODAMOS es casi siempre la semilla de nuestra frustración, de nuestros propios señalamientos; porque nadie más que nosotros sabemos cuándo fuimos mediocres. Por muchas felicitaciones o regaños que hayamos recibido, al espejo nadie le miente y no hay forma de ocultarnos de nosotros mismos.
Para poder romper el molde que el sueño de la sociedad nos ha obligado a vivir tenemos que dar lo máximo de nosotros ¡Da siempre lo mejor de ti! Ama tus errores y respeta tus acuerdos.
Esto es solo un mínimo resumen; el libro profundiza y toca otros aspectos de nuestra forma de ver la realidad, habla de los toltecas, del mitote, el cielo, el infierno, jueces y víctimas, ¡pero creo que es algo que cada quien debe descubrir al viajar en estas simples pero maravillosas palabras!
CONTINÚA LEYENDO